MUNDO autóctono aderezado de fantasía, Quizá Castelao, cuando inventó ese género literario indefinible que son sus “Cousas”, algo así como anécdotas trascendidas, ya sabía que Chesterton dijo que la realidad era un lujo, pero la fantasía, una necesidad.

Y es que José Antonio FONDEVILA, a quien acaso ni siquiera su apellido resulta necesario para identificarle en cada cuadro que pinta, es un artista que ironiza fantaseando, si bien obliga al espectador a reflexionar, ya que en cada asunto suyo va implícita la moraleja.

Además, ha incorporado considerables dosis de surrealismo, que no en balde es plástico de nuestro tiempo, con la mente abierta a corrientes estéticas que son huella profunda en el arte contemporáneo, mas sin olvidar sus raíces gallegas. Su esencial e irrenunciable decir sin concretar, sugiriendo más de lo que aparenta. Así, sus cuadros precisan de espectadores inteligentes si en verdad quieren llegar al fondo de su intención, arropada de alegre levedad, de ritmos dinámicos y evasivos; de un oficio que se impone y hasta avasalla, algo que nunca le sobra a la pintura si ha de ser perdurable.

En muy poco tiempo, poco más de una década en quien no cuenta más que cinco cumplidas de edad, ha paseado su obra por Galicia consiguiendo que su nombre se imponga, por diferente y peculiar, en el panorama, tan amplio y rico, de la pintura actual del país. Es un inventor de mundos posibles desde la imposibilidad aceptable de que sus criaturas vuelen o sean ingrávidas, caricaturizando a los rotundos personajes que arranca a la imaginación aderezándolos de ternura, inclusive cuando la agresividad del motivo está patente. Son como goyescos proverbios redivivos, multicromáticos, pululando en ámbitos indefinidos, como siderales.

Los rostros se elementalizan o se multiplican, y en los títulos que da a sus obras está la clave de su intención aleccionadora, crítica de vanas ambiciones, fustigadora de abusos sociales, alentadora de esperanzas.

Uno es el pintor, aunque diferentes sean los soportes de sus obras, a veces la pulida superficie del táblex y otras el lienzo tradicional, sobre el que ensaya la cocina de su paleta, jugosa, exultante de azules y dorados, inscribiendo criaturas inacabadas deliberadamente, a modo de alumbramientos prematuros para razonar en el sueño.

La noche es mágica y se transforma en alba urgente, con siluetas que elevan la luna como un trofeo o permanecen aún encerradas en la redoma del ensayo. Es decir, que bullen en el proceso creativo y quieren llegar a personalizarse, como demandaban las seis criaturas que así se comportaban con su autor, Pirandello.

Pesa La carga del aldeano caminante, pero la aligera una mariposa que en su rotundidad descansa un instante. Abraza el lío desordenado quien ha conseguido atrapar sus recuerdos.

FONDEVILA es, en fin, un gran mentiroso que dice verdades enormes a quien con él quiera tocar su peculiar melodía, que deja en el espacio retazos de siluetas, rugosidades, huellas imprecisables.

Pintura, pues, que partiendo de la anécdota, alcanza la categoría de perdurable. Y que es, además, pintura bien hecha, sabiamente elaborada. La de un artista que ama lo que pinta.

Francisco Pablos.
(A.E.CA) de la Real Academia de Bellas Artes.
Crítica publicada en Guia de Arte “05 XXV ANIVERSARIO” Editorial PLECS D´ART, S.L. Año 2007.