Hace años que Fondevila lleva construyendo sus propios sueños con la pintura, en una trayectoria personal que se ha ido devanando gracias a la capacidad del autor de imbuir presencias cercanas, motivos inmediatos extraídos de un caudal informativo que le preocupa y que denuncia a través de su obra. Para ello argumenta cada uno de sus cuadros con estrategias ilusionistas, que, sin disimular la apropiación de la realidad, habitan en el espíritu de la fantasía.

La crónica de sus personajes discurre pertrechada en la inconformidad, manifestándose con ironía y en una denuncia constante. Aquí la creación se emplea como arma, como medio para esgrimir un mensaje más o menos explícito. En muchas ocasiones las palabras acompañan a las imágenes, acentuando la intención del artista; títulos y representaciones van, entonces, unidos, aunque las segundas sean suficientemente evidentes en su comunicación. Encabezamientos como Triturador de voluntades, El llanto de las flores, En el origen del odio o Monstruos de la opresión no hacen, sino, más que reforzar el pretexto de esta pintura.

Las propuestas de Fondevila desvelan formalmente una aproximación al costumbrismo de Torres y Colmeiro, una tradición que pesa aportando una visión figurativa, dando rostro a los protagonistas y precisando actitudes. Pero, aunque se entreven alientos del arte de aquellos maestros, en sus creaciones se impulsa, al mismo tiempo, un estímulo que tiene que ver más con lo onírico que con el universo realista, produciéndose una asociación inevitable con el surrealismo cuando se encaran composiciones con personajes levitando o con el simbolismo cuando se evidencian elementos, idealistas y suficientemente sígnicos, que refuerzan las razones plásticas del pintor de Lalín. Asimismo, en estas composiciones existe un espacio vinculado al gesto de la abstracción, efectismos que discurren apoyados por la espontaneidad de las manchas y el ritmo del color. Los fondos se fabrican de estas expresiones informalistas.

El arte se asienta en un territorio de libertad, donde moran los sueños y las obsesiones, las verdades y la utopías; de otra forma, no sería arte. Es esa fuente espiritual la que ha llevado a Fondevila a desafiar retos comprometidos, haciendo que la identidad de su pintura provoque, en quien la contemple, reflexiones.

                          Mercedes Rozas.    (Crítico de Arte)
Expo. “Viacrucis de la vida”  Sala de Arte Caja de Burgos
Aranda de Duero.   2007